El Método Merlín: Retroplan

El ejercicio que uso en coaching para construir una visión sin que la construya el presente: cómo funciona, cómo se hace, y los tres errores que lo desactivan.

Casi todo el mundo proyecta su futuro desde el presente, y por eso la mayoría de las visiones profesionales se parecen demasiado a la situación actual de quien las escribe. El cansancio de esta temporada, el jefe que hay ahora, la última conversación con un cliente y las creencias que uno lleva encima entran en el ejercicio sin que se note, y lo que sale es una extrapolación prudente en vez de una visión.

El ejercicio que corrige eso lo aprendí en mi formación en coaching ejecutivo y lo llevo usando años con clientes. Se llama el método Merlín, o retroplan, y consiste en algo muy simple de enunciar: situarse en el futuro y planificar desde allí, no desde aquí.

Este artículo explica por qué funciona, cómo se hace y qué falla cuando falla. La segunda parte importa tanto como la primera: es un ejercicio fácil de hacer mal, y hecho mal produce una lista de buenos propósitos.

Por qué la proyección desde el presente sale sesgada

Quizá la vida te haya regalado algunos, pero casi todos tus logros, tus éxitos y tus grandes momentos fueron un día una visión: la proyección de un futuro mejor que has logrado materializar.

El problema está en el punto desde el que se proyecta. Tu presente condiciona tu capacidad de imaginar tu futuro. Condiciona lo que crees posible, condiciona el tamaño de lo que te atreves a pedirte, y condiciona el estado de ánimo con el que escribes. Una visión redactada al final de un trimestre duro y una redactada después de un buen cierre no se parecen, y la diferencia no está en la realidad: está en la silla.

A esto se le suma un efecto de forma. Cuando se planifica hacia delante, el pensamiento avanza por pasos plausibles —lo siguiente que puedo hacer desde donde estoy—, y una sucesión de pasos plausibles rara vez llega lejos. El resultado es un plan cómodo que casi nunca contiene la decisión difícil.

Quizá estés pensando: obvio, ¿es que existe otro modo de hacerlo?

Sí, existe otro modo de hacerlo.

«Vengo de donde voy»

En El rey que fue y será, la novela artúrica de T. H. White de 1958, Merlín vive el tiempo al revés: recuerda el futuro y desconoce el pasado. De ahí sale la frase con la que este ejercicio circula en el mundo del coaching —vengo de donde voy— y de ahí le viene el nombre.

No hace falta ser mago para hacer esto, porque tu mente ya sabe disociarse.

Normalmente ves pasar la vida en primera persona, desde tus propios ojos. Pero puedes adoptar la perspectiva de otra persona y ver la escena desde sus ojos, e incluso la de un tercero que os ve a los dos. Eso lo hace cualquiera sin esfuerzo. De forma similar, tu mente puede disociarse del presente y observar tu línea del tiempo desde el futuro.

El método Merlín consiste en usar esa capacidad deliberadamente: situarse en un momento futuro concreto y planear desde entonces.

Y no es una rareza de coaching. La misma operación tiene nombre propio en planificación estratégica —backcasting, planificar hacia atrás desde un escenario deseado en lugar de proyectar tendencias hacia delante— y se usa desde hace décadas en planificación energética y de sostenibilidad, precisamente porque la proyección de tendencias nunca produce un cambio de rumbo.

Un retroplan sencillo, para ver el mecanismo

Seguro que ya lo has hecho, al menos con planes pequeños.

Imagina un día en el que tienes que estar en varios sitios. Es probable que hayas empezado por el final: esta tarde a las 19.30 tengo que estar en C; como vengo de B y hay 30 minutos de trayecto, tengo que haber salido de B antes de las 19.00; como en B necesito 45 minutos, tengo que haber llegado antes de las 18.15; para eso tengo que haber salido de A a las 17.45.

La cuestión es que te sitúas al final y te preguntas qué ha tenido que pasar antes. El ejercicio de visión es exactamente eso, con un horizonte de años en lugar de horas.

Cómo se hace

Prepara lo necesario para escribir: papel y boli, una aplicación de notas, lo que prefieras. Busca un lugar cómodo, tranquilo y sin distracciones. Puede que las palabras fluyan y tengas la visión completa en un rato, o puede que quieras trabajarla a ratos durante días o semanas. Cuando lo hago yo, me gusta trabajar el documento durante largo tiempo: leerlo, releerlo, actualizarlo, completarlo, modificarlo.

Elige un momento en el futuro —dentro de dos o cinco años—, y si puedes, elige también un lugar. Sitúate allí, y desde allí escribe en presente o en pasado. Ese detalle gramatical parece menor y es lo que sostiene todo el ejercicio.

El tiempo verbal es el control de calidad. Cuando reviso los escritos de mis clientes, así es como detecto si la mente se ha disociado o no. Si lees «para llegar allí tendré que hacer…», estás escribiendo desde aquí y ahora, y el ejercicio no ha ocurrido. Si lees «cada día hago…» o «para llegar aquí he hecho… cada día», estás escribiendo desde entonces. Cuando le pasa a alguien, no hay que explicar nada: basta con señalar el verbo y pedir que lo reescriba.

Y una ayuda para entrar: seguramente has oído alguna vez «si pudiera volver a aquel momento con lo que sé ahora». ¿Qué escribirías si pudieras mandarte hoy una carta a tu bandeja de entrada de hace cinco años? En eso consiste esto, con la dirección cambiada: la carta se escribe desde el futuro y llega al presente.

Los cuatro bloques

Para facilitar la reflexión sugiero cuatro bloques. Las preguntas son ejemplos; lo útil es hacerse muchas más.

Escenario de éxito

¿Cómo es este momento en el que has logrado tu propósito? ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Con quién te relacionas? ¿Cómo te ven los demás? ¿Qué nuevos retos tienes?

Aprendizaje

¿Cuáles son tus nuevas capacidades? ¿Qué sabes ahora que antes no sabías?

Lastres

¿Qué has tenido que soltar para llegar a este momento? ¿Cómo te has librado de lo que te restaba energía?

Impulsores

¿Qué te ha dado energía para llegar a este momento? ¿Cómo mantienes lo que te da energía?

Los dos últimos bloques son los que más rendimiento dan y los que más gente se salta. Lastres e impulsores no describen el destino: describen el mecanismo por el que se llega, y son los que después se traducen en decisiones concretas de agenda, de encargos y de relaciones.

Cuanto más detallada sea tu visión, más poderosa será. Te sorprenderá cuánto tiene que contarte tu yo del futuro.

Los tres errores que desactivan el ejercicio

Escribir en futuro. Es el más frecuente con diferencia, y ya está tratado arriba. Merece repetirse porque quien lo comete no se da cuenta: el texto suena bien, es ambicioso y no sirve, porque se ha redactado desde la misma silla de siempre.

Elegir un horizonte demasiado largo. A diez años el ejercicio se vuelve cómodo, porque nada de lo que se escriba obliga a nada este mes. Entre dos y cinco años hay tensión suficiente para que las respuestas cuesten. Y hay un motivo de fondo para no ir más lejos, que trato aparte en Por qué ya no se puede planificar una carrera : el largo plazo dejó de estar disponible como material de planificación, y un retroplan a cinco años es la forma honesta de trabajar en ese entorno.

Confundir un escenario con una lista de logros. «Dirijo un equipo de veinte personas» describe un cargo. «Los lunes por la mañana no tengo ninguna reunión, y la decisión que más me cuesta esta semana es a quién le doy el proyecto nuevo» describe un momento. El primero se puede alcanzar sin que cambie nada de lo que importaba; el segundo obliga a decir cómo es la vida ahí dentro, que es la información que hace falta.

Dónde encaja esto

Este ejercicio resuelve un punto concreto y no resuelve los demás. Responde a la pregunta para qué, que es la que ningún método de organización personal contesta: La parábola del pescador la plantea en dos páginas, y el retroplan es la forma de contestarla por escrito.

Aguas arriba, entronca con dos cosas que ya estaban en la literatura de esta disciplina —el segundo hábito de Covey, empezar con un fin en mente, y el ejercicio de definición con el que Tim Ferriss abre su método—, y las dos están situadas en su contexto en La evolución de la productividad personal . Aguas abajo, el bloque de Aprendizaje suele terminar señalando capacidades que hay que adquirir, y ahí la pregunta pasa a ser cómo se aprende de verdad siendo adulto y con jornada completa: Aprender a aprender .

El mapa general de la categoría está en Del conocimiento a la sabiduría .

Por último, ¿sabes cuál es la diferencia entre un sueño y una visión?

Un plan de acción.

Fuentes