La semana laboral de 4 horas: lo que envejeció y lo que no
Qué propone de verdad el libro de Tim Ferriss, qué partes dependían de un internet y de una forma de delegar que ya no sirven, qué principios siguen valiendo en cualquier puesto y cómo los usa quien dirige.
De La semana laboral de 4 horas lo que peor ha envejecido es el título, y lo que mejor, los dos principios con los que propone eliminar trabajo. Entre una cosa y otra hay un libro entero, y conviene separarlo en tres partes: lo que caducó con las herramientas de su época, lo que arrastra un problema ético, y lo que sigue valiendo en cualquier puesto.
Tim Ferriss lo publicó en 2007. En La evolución de la productividad personal lo sitúo como el autor que cambió la pregunta de la categoría: todos los anteriores optimizaban el trabajo dándolo por supuesto, y él preguntó cuánto trabajo hace falta. El cuento con el que abre ese argumento, el del pescador, tiene artículo propio, con lo que discute y lo que no sostiene: La parábola del pescador . Ahí están también el ingreso relativo y las cuatro variables de control. Aquí va el resto del libro.
El método en cuatro letras
El libro se organiza con el acrónimo DEAL, y cada letra es una fase.
Definir. Sustituir las suposiciones heredadas por unas reglas propias y describir con precisión la vida que se quiere. Ferriss propone dos ejercicios. El primero, que él llama fear-setting, consiste en escribir el peor escenario de una decisión arriesgada, cómo se evitaría y cómo se recuperaría uno si ocurriera; parte de la idea de que la incertidumbre asusta más que un mal resultado bien definido. El segundo, el dreamlining, convierte los deseos en una lista con coste mensual, y suele revelar que la vida deseada cuesta menos de lo que se suponía.
Eliminar. Liberar tiempo concentrándose en lo que produce resultados. Aquí están el principio 80/20 de Pareto —una pequeña parte de las causas produce la mayor parte de los efectos—, la ley de Parkinson —el trabajo se expande hasta ocupar el tiempo disponible— y la dieta de baja información, que pide dejar de consumir noticias y datos que no llevan a ninguna decisión. En la práctica, incluye revisar el correo en pocos momentos fijados del día en lugar de tenerlo abierto.
Automatizar. Montar una fuente de ingresos que necesite muy poca gestión, lo que Ferriss llama una musa: un pequeño negocio en línea, pensado para financiar una forma de vivir y no para crecer. Antes de fabricar nada, propone validar la demanda con pruebas baratas —anuncios y páginas sencillas que miden si alguien compraría—. Y delegar todo lo demás en asistentes virtuales.
Liberar. Desvincular el trabajo del lugar. Para quien trabaja por cuenta ajena, el libro incluye un procedimiento para negociar el trabajo en remoto demostrando antes que se rinde igual o más fuera de la oficina. Para quien tiene negocio propio, el geoarbitraje: ganar en una moneda fuerte y vivir donde la vida cuesta menos.
Lo que envejeció
Las herramientas. Buena parte de los servicios, webs y tácticas de publicidad concretas que recomendaba el libro han desaparecido o han dejado de funcionar. Es el destino de cualquier manual de productividad que se apoya en productos, y la razón por la que en esta web los métodos se cuentan por su mecanismo.
La facilidad de la musa. El libro presenta el negocio automatizado como un proyecto alcanzable y le dedica poco espacio a los años de trabajo que exige llegar a automatizarlo. La objeción más fuerte a esa parte es de Cal Newport, y la cuento en El capital profesional : antes de canjear una habilidad por libertad hay que haberla construido.
La delegación barata. La automatización del libro se apoyaba en pagar muy poco por hora a asistentes en países con salarios bajos, y el geoarbitraje, en aprovechar la diferencia de nivel de vida entre países. Las dos cosas funcionan gracias a una desigualdad, y el libro no se pregunta qué le hace esa desigualdad a quien está al otro lado. Esa parte es la que peor se lee hoy, porque es el único punto del libro en el que la eficiencia de uno descansa en las condiciones de otro.
El tono. El libro está escrito como una promesa, con una seguridad que atrajo a muchos lectores y alejó a los escépticos. Quien lo leyó esperando un camino fácil se encontró con uno que exigía mucho esfuerzo. El propio título funciona como reclamo más que como objetivo literal, y el propio Ferriss lo ha reconocido: lo que importa es multiplicar lo que rinde cada hora, se trabajen cuatro, cuarenta o cien a la semana.
Lo que sigue valiendo
La ley de Parkinson, usada a propósito. Si el trabajo se expande hasta llenar el tiempo, fijar menos tiempo obliga a decidir qué parte del trabajo importa. Es una de las pocas herramientas de productividad que no cuesta nada instalar. La única condición es que el plazo corto se ponga a lo que admite recorte, y no a lo que pide calidad.
El 80/20 como pregunta. Qué clientes, qué proyectos, qué reuniones y qué informes producen casi todo el resultado. El número no es exacto ni pretende serlo. La utilidad está en hacer la pregunta con datos propios delante, en lugar de contestarla de memoria.
La dieta de baja información. Escrita antes de que el móvil ocupara la jornada, hoy se lee mejor que entonces. El mecanismo de fondo lo cuento en Infoxicación: cuando el volumen supera la capacidad , y la versión más completa de la idea es la de Newport en Minimalismo digital .
Agrupar la comunicación. Revisar el correo en momentos fijos, en lugar de vivir dentro de él, es la versión individual de un problema que Newport describiría después como un problema de organización. Lo que le pasa a una organización cuando nadie lo hace está en La mente colmena hiperactiva .
Escribir el miedo. El fear-setting es, fuera del contexto del libro, una herramienta de decisión muy sobria: obliga a separar el riesgo real del difuso y a escribir qué se haría si saliera mal. Sirve igual para decidir una inversión que para cerrar una línea de negocio o reorganizar un equipo.
Probar antes de construir. Las pruebas baratas de demanda del libro se parecen mucho a lo que después se popularizó como producto mínimo viable. Validar con poco antes de invertir mucho es hoy práctica corriente en cualquier empresa que lance algo.
Medir por resultado y no por presencia. El libro lo planteaba como una batalla individual con el jefe. El trabajo en remoto y la conversación actual sobre la semana de cuatro días parten de la misma premisa, aunque pertenecen a otro plano: son decisiones de organización y de negociación colectiva.
Cómo lo usa quien dirige
El marco completo exige control sobre el flujo de ingresos, y por eso la mayoría de quienes lo leen solo puede aplicar la primera mitad. Quien dirige un equipo está en una posición intermedia: no controla sus ingresos, pero sí buena parte de cómo trabajan otras personas. Las tres lecturas que siguen son mías; Ferriss no las formula así.
Parkinson aplicado a las reuniones. Una reunión de una hora convocada por defecto dura una hora. La misma reunión convocada para veinticinco minutos, con la decisión que se espera escrita en la convocatoria, obliga a llegar preparado y a decidir dentro de ese tiempo.
El 80/20 aplicado a los informes. Cada informe periódico que un equipo produce cuesta horas cada mes. Preguntar cuáles se leen y cuáles llevan a alguna decisión, y dejar de pedir los demás, libera tiempo sin tocar nada más.
La dieta de baja información aplicada a los canales del equipo. Menos grupos, menos copias, menos avisos. Cada canal que se cierra es una fuente de interrupción menos para todo el equipo a la vez.
Lo que el propio Ferriss hizo después
El autor que prometía trabajar cuatro horas ha escrito y hablado después, cada vez más, sobre decir que no y sobre la sabiduría de quitar en lugar de añadir. Es la misma idea de eliminación del libro, llevada de las tareas a la vida entera, y la acerca a lo que Greg McKeown desarrolla en Esencialismo: la disciplina de decir que no .
Y de un libro posterior suyo, sobre el cuerpo, sale una idea que sirve para el trabajo mejor que para el gimnasio: buscar la cantidad mínima de esfuerzo que produce el resultado. La cuento aparte, sin los protocolos, en La dosis mínima eficaz .
De La semana laboral de 4 horas se queda la pregunta de cuánto trabajo hace falta, y los dos principios para contestarla: el 80/20 y la ley de Parkinson. Todo lo que dependía de una herramienta o de pagarle poco a alguien lejos se quedó en 2007.
Fuentes
- Timothy Ferriss, The 4-Hour Workweek (2007) — en español, La semana laboral de 4 horas.